Presentaron libro sobre Felipe Vallese, obrero y militante peronista desaparecido en 1962

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Hace 56 años, el 23 de agosto de 1962, un grupo de policías raptó a Felipe Vallese. Hijo de inmigrantes italianos nacido en Buenos Aires el 14 de abril de 1940, era militante de la Juventud Peronista y obrero metalúrgico. Su desaparición fue investigada por el periodista Pedro Leopoldo Barraza en las revistas Compañeros y 18 de Marzo. Años más tarde, Barraza y el fotógrafo Carlos Laham fueron asesinados por la Triple A. Se sindicó que quien ordenó los crímenes fue el comisario Juan Fiorillo, que participó del secuestro de Vallese y luego fue represor en la última dictadura.

Resultado de imagen para pedro leopoldo barrazaPedro Leopoldo Barraza

Sobre ese crimen de Estado y el poder catalizador que tuvo el entender el rol de Barraza en la investigación, trata el libro “Operación Vallese. Barraza, el hombre detrás de la historia”, de Pablo Waisberg, que este lunes fue presentado en el local del Sindicato de Prensa de Buenos Aires. Junto al autor, hablaron del libro, el periodista Carlos Eichelbaum, Mario Pinnola, sobrino del asesinado Barraza y Tomás Eliaschev, secretario de DDHH del SIPREBA.

En el transcurso de la charla se comentó el contexto, que esta explicitado en el libro, en cual se encontraba Barraza,quien siendo homosexual y con 24 años y casi ningún recurso se iba a las comisarias solo, a pelearse con la policía y sus funcionarios, sin conseguir el objetivo final ideal, pero finalmente logrando que se les aplicaran penas (lamentablemente cortas) para los culpables y una gran repercusión en la sociedad.

El libro es una unificación  de la información que había sobre el caso Vallese, teniendo en cuenta la investigación y la publicación del libro por Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde, el cual estaba falto de la historia de Barraza y de hecho era bastante crítico de este por dudar de la labor de la Unión Obrera Metalúrgica.

“UN GRITO QUE ESTREMECE: DONDE ESTÁ VALLESE”

La consigna se repetía en cada manifestación del movimiento obrero peronista de los años 60, en que este afiliado a la UOM se conviertió en el primer desaparecido de toda una época en la cual luego surgirían decenas de miles de casos similares.

A fines de agosto de 1962 la pregunta sobre el paradero de Vallese se convertiría en un duro cuestionamiento al estado represor. La respuesta a esta incógnita jamás llegaría. La historia de este obrero metalúrgico secuestrado y muerto presumiblemente por torturas, cuyo cadáver jamás fue encontrado se transformó en un manchón negro de injusticia que la policía y los sucesivos gobiernos nunca pudieron borrar.

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La historia comenzó la noche del 23 de agosto de 1962. Felipe Vallese había salido de su casa (Morales 628, Capital Federal) a las 23 horas y se dirigía por la calle Canalejas rumbo a la fábrica TEA (Trafilación y Esmaltación de Alambres). donde trabajaba, cuando ocho sujetos surgidos de las sombras lo apresaron, lo golpearon con armas largas y lo introdujeron en un Fiat 1100. Valiese tenía entonces 23 años.
En su domicilio, minutos después, cayeron en la redada la esposa de Felipe, Elvia de la Peña, un matrimonio que también vivía allí, Agustín Adaro y Mercedes Cerviño, y el hermano del obrero secuestrado, Italo Vallese. La casa fue tomada por individuos que se autodenominaron ‘policías del destacamento del orden y seguridad’, sin exhibir orden de juez ni credencial alguna.
Todos fueron secuestrados y terminaron en poder de la policía de San Martín, donde fueron torturados y vejados. Según parece, el motivo que tuvo la policía para esta intervención, fue intentar averiguar el paradero de (Alberto) ‘Pocho’ Rearte, a quien se consideraba implicado en el asesinato de dos policías.
La policía de San Martín anunció la detención y la dio como efectuada el 3 de setiembre, bajo los cargos de que Vallese poseía panfletos y libros de propaganda peronista, armas de fuego y una chaquetilla del Ejército.
La tormenta desatada por la desaparición de estas personas cobró fuerza y dos jueces tomaron esos procesos, descubrieron la farsa y declararon falsas las acusaciones, liberaron a los detenidos (salvo a Felipe Valiese) y les devolvieron su honor, pero no al ser querido. Comenzó allí una investigación que recién en 1974 tendría magro fruto.
Tras la libertad de los detenidos se confirmaron las versiones de las torturas a las que fueron sometidos y la trágica suerte que sobrellevó Felipe Vallese.

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Vallese según el muralista Ricardo Carpani

Las informaciones que han podido anudarse permiten señalar que el obrero metalúrgico estuvo en primer término alojado en la comisaría 1ª San Martín. Después pasó al destacamento policial de José Ingenieros, donde fue objeto de torturas y vejámenes. Por último, se lo llevó a la comisaría de Villa Lynch. Es allí donde se pierde el rastro, pero se supone que murió en una de las sesiones de tortura y su cadáver fue enterrado en un lugar que aún hoy se ignora.
El doctor Rómulo Dalmaroni, a cargo del Juzgado Penal Nº1 de La Plata condenó a 39 policías (en abril de 1971) a penas que iban de los 3 años a los 9, por encontrarse implicados en el caso de la desaparición de Vallese. Recién en 1974 la Suprema Corte de Justicia confirmó la sentencia dictada. A los 39 policías involucrados les costó unos pocos años la vida de un ser humano. Pero la memoria de Vallese estará siempre viva entre los trabajadores. La CGT bautizó con su nombre el salón principal de su sede de Azopardo.”

Fotos Manuel Estrach

  

Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/