Falleció Daniel Chavarría, ícono de la literatura policial en América Latina

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A los 84 años de edad, falleció en La Habana, Daniel Chavarría, un escritor que generó con su pluma una revolución en la literatura policial latinoamericana

“Me he declarado siempre ciudadano uruguayo pero escritor cubano, porque en realidad, yo me forjé allí como escritor”, así se autorretrataba Chavarría, que residía hasta la actualidad, en la patria socialista martiana.

Daniel Chavarría nació el 23 de noviembre de 1933, en el departamento de San José y vivió en Soriano hasta los 5 años de edad. Su madre, fue maestra en una Escuela rural y su padre era un obrero, que se ganaba la vida manejando un ómnibus que iba hacia Carmelo, el Flecha de Oro.

Él confesó que su padre, influido por la mentalidad terrateniente de sus familia,  vio como “una de sus grandes tristezas y disgustos”, “que yo me afiliara al Partido Comunista”.

1957 fue el año que Chavarría ingresó al PC uruguayo, cuando ya desechaba, confesó en su adultez, “el mito de la Suiza de América”, aunque por ese entonces, todavía creía en el mito “de que nuestra relativa bonanza montevideana durante los años 40, lo era de todo el país”.

Durante su adolescencia y juventud, Daniel pensaba que los uruguayos tenían “un antimilitarismo visceral y congénito”, algo “que nos habría vacunado contra toda dictadura”, por eso incluso, “Yo mismo, me ufané en divulgar patrañas criollas sobre nuestra prosperidad de clase media, que se permitía el lujo de exhibir bichicomes gordos, por el mucho y buen alimento que encontraban en los tarros de basura”.

Pero Uruguay, la “Suiza de América”; antimilitarista y ejemplo de democracia en el mundo, fueron mitos que Chavarría tuvo la claridad de superar en los años siguientes, en un ambiente político de izquierda muy marcado aún por el inmediatismo, que cifraba sus esperanzas en la continuidad del crecimiento económico. Los años venideros mostrarían el verdadero rostro del capitalismo.

“Yo creía de buena fe”, dijo Chavarría, “que la única vía para llegar a la justicia social y derrotar al poderoso imperialismo yanqui, consistía en apoyar la unidad del movimiento obrero mundial, capitaneado por la heroica Unión Soviética y el camarada Stalin”, en efecto, “el que no siguiera esta línea, como los troskos o anarcos, favorecía la insidia de nuestros enemigos”.

“De esa miopía y torpeza me honro todavía”, afirmó el escritor, “Nunca me he arrepentido, porque creía con sincera bondad y sin cálculo, en lo que divulgaban las publicaciones soviéticas de los años cincuenta”.

Este tipo de reflexiones están contenidas en su libro autobiográfico, no para arrepentirse de su pasado sino para reafirmar su compromiso político, que se destacó por la coherencia.

De un espíritu contrario al resentimiento, típico de quienes reniegan de su pasado y piden perdón a sus enemigos de clase, Chavarría se consagró como un escritor comunista, que prosiguió en la batalla cultural e ideológica.

 

“Yo soy incondicional de la revolución. A mí han tratado de comprarme de veinte formas y no han podido… Nunca fui un escritor de primera fila, porque siendo comunista, fidelista, y con todos mis antecedentes, no podría”

 

En 1959, el PC le asignó tareas en la solidaridad con la Revolución Cubana, y allí, reconoció él mismo, se le abrieron “los ojos sobre cuánto sectarismo irracional padecía mi partido de aquellos años”.

Se desafilió dos años más tarde y se fue a Perú, donde intentó vincularse a un movimiento guerrillero encabezado por Hugo Blanco, que fue rápidamente capturado, y luego emprendió marcha hacia Colombia, uniéndose a la guerrilla del obispo Gerardo Valencia Cano, que reivindicaba las ideas de la teología de la liberación.

Lleno de impulsos, explicó Chavarría, “tuve mis coqueteos con el trotskismo y desde entonces, fui un férreo creyente en la urgencia de la lucha armada”.

A Cuba llegó en 1969, tras desviar una avioneta que secuestró en Bogotá, mientras huía del Departamento de Seguridad. Estaba “registrado como un peligroso terrorista internacional”, confesó en una entrevista que le realizaron en Uruguay (2011), pero las y los cubanos “confiaron en mí”. Así fue que solidariamente la revolución cubana le dio asilo, como a otros muchos internacionalistas.

En Cuba inició una labor literaria de gran intensidad. En 1975, su novela “Joy”, ganó el Concurso Aniversario de la Revolución de literatura policial, convocado por el Ministerio del Interior.

Sus novelas comenzó a concitar gran entusiasmo en los lectores cubanos y en el público internacional.

Fue premiado en muchas ocasiones. En el año 1992, se le otorgó el premio Dashiell Hammet por “Allá ellos”, mejor novela policíaca en lengua española, en el 2000 le dieron el premio Casa de las Américas, en el género novela, por “El rojo en la pluma del loro”, y en el 2002 su novela “Adiós muchachos”, recibió el premio Edgar Allan Poe, otorgado por la asociación profesional norteamericana MysteryWriters of America.

En el 2010 recibió una gran distinción cuando Cuba lo premió con el Premio Nacional de Literatura.

Además, Daniel Chavarría se desempeñó como periodista, cronista, y  docente de griego, latín y literaturas clásicas en la Universidad de La Habana. También incursionó como guionista en el cine, con Plaff o Demasiado miedo a la vida de 1988, y en la televisión con La frontera del deber.

Cuando viajó en 1987 a Uruguay, luego de pasar 24 años sin pisar el Río de la Plata, se vio asombrado por la figura de Raúl Sendic, fundador del MLN (tupamaros). En ese momento, comprendió su “colosal estatura política e intelectual”, y desde entonces, “veneré al Bebe Sendic, como al héroe nacional que es hoy”, explicó luego de ese viaje.

Esto lo llevó a tomar una resolución: “difundir la vida pasmosa” del Bebe y “presentarlo a un gran público latinoamericano que simpatiza y apoya las causas justas” con una biografía novelada, que lleva el título: “Yo soy el Rufo y no me rindo” (2012).

Con la llegada del Frente Amplio al gobierno de Uruguay, Chavarría se mostró expectante de que pudieran forjarse los cambios necesarios en su país de origen. No obstante, cuando Mujica recibió en septiembre de 2010 a las “Damas de Blanco” cubanas, grupo disidente e interventor financiado por EE.UU., Chavarría redactó una carta firmada por más de una veintena de uruguayos residentes en Cuba, en la que expresaron su desacuerdo y cuestionaron dicha actitud, “Que el Pepe nos perdone”, afirmaron, “pero haber acogido a semejante ralea vendepatria y mentirosa nos entristece”. “Y lo que es peor”, concluyeron, “nos infunde espanto la sospecha de una alianza militar con los EE.UU”.

Sobre la cultura uruguaya, Chavarría afirmó que entre lo mejor, se encontraban Mario Benedetti y Eduardo Galeano. De Galeano dijo, tras su partida física en el 2015, que fue “un buen novelista y poeta, un militante honrado y un excepcional periodista”. Además, recalcó que el escritor de la gran obra, Las venas abiertas de América Latina, “fue un gran amigo del Bebe Sendic” y que mientras este “valeroso héroe, andaba prófugo de la policía y del ejército, por la periferia fronteriza del país, Galeano se arriesgó muchas veces a caer preso o a que lo mataran, por visitarlo en sus móviles escondites”.

Con certeza puede decirse que ahora Daniel Chavarría también se suma a esos dos grandes cultores uruguayos, dejando un legado y acervo literario y periodístico de ineludible consulta.

“La literatura tiene una cosa que en teoría literaria se conoce como función apelativa”, explicó Chavarría, en su jocoso tono característico, “es una especie de vaselina; tú capturas la simpatía del lector con la simpatía de un personaje… Ese es mi trabajo, escribir, llamar a la simpatía con las ideas que defiendo, las ideas del marxismo, de Martí, los principios de solidaridad”.

¡Hasta siempre Daniel!

 

Novelas

  • 1984 – La sexta isla (reeditado en 2016), conjuga tres historias: la de Álvaro de Mendoza, un aventurero español (páginas escritas en castellano antiguo); la de un ex-jesuíta e intelectual uruguayo y la del secuestro de un italiano, miembro de una gran corporación norteamericana que no desea que se conozca un secreto que podría ser devastador).
  • 1994 – Adiós muchachos, en esta novela Alicia, una joven cubana, después de interrumpir sus estudios universitarios (licenciatura en lengua francesa), decide dedicarse a la prostitución con el fin de satisfacer sus expectativas de vida. Un día conoce a Víctor (un extranjero con un pasado y un presente nebulosos que ella desconoce) el que, al haber disfrutado de sus servicios, le propone. al ser voyeurista, un trato lucrativo.Tiempo después ocurre un accidente en el que la pareja de Victor resulta muerta pero Victor y Alicia están demasiado temerosos de quedar desamparados económicamente y deciden pedir un rescate fingiendo que no ha muerto
  • 1994 – Contracandela (con Justo Vasco)
  • 2001 – El rojo en la pluma del loro, en esta novela,  con cierto tono de misterio, Alberto Ríos decide esconderse en La Habana, bajo la impostura de un técnico extranjero, donde gozará de una completa libertad y a ninguno de sus enemigos se le ocurrirá buscarlo. Lo acompaña un pasado infausto que debe ocultar a toda costa. Allí conoce a Bini, exitosa jinetera (prostituta en Cuba) quien, a su vez, es la amante de Aldo Bianchi, argentino radicado en Roma que comenzara una relación con ella, inicialmente, para obtener cierta información sobre aquel siniestro personaje, al que se debe su espeluznante historia.
  • 2005 – Príapos o Lo que dura duradonde un médico que cumple su Servicio Social en un intrincado sitio de la geografía oriental de Cuba, debe atender varios casos de priapismo. Interesado en pesquisar el origen y la incidencia de patología tan inusitada, en la exigua comunidad de Cuchuflí Arriba, el doctor se propone descubrir el «secreto» de aquellas inexplicables «rigideces», algunas de ellas con secuelas dramáticas para cierto tipo de pacientes.
  • 2013 – Yo soy el Rufo y no me rindo (biografía novelada de Raúl Sendic)
  • 2017 – El último room service
Otras obras
  • Presencia Latinoamericana
  • Cuba (con Justo Vasco)
  • Judozhestoemmaya
  • Manual de Latín III-IV
  • Voces del silencio (antología de exiliados uruguayos)
  • Desde la soledad y la esperanza
  • 2009 – Y el mundo sigue andando (Memorias)
  • 2010 – El aguacate y la virtud (Cuento)
  • 2012 – Cuentos para ser oídos

Premios

  • Joy (1978):
    • Premio Aniversario de la Revolución, La Habana, 1975.
    • Premio Capitán San Luis, a la mejor novela policiaca publicada en Cuba durante la década 70-80, (1978).
  • La sexta isla (1984):
    • Premio de la Crítica, La Habana, otorgado anualmente por el Ministerio de Cultura.
  • Allá ellos (1991):
    • Premio Dashiell Hammett, Gijón, 1992, a la mejor novela policiaca en lengua española del año1991.
  • El ojo de Cibeles (1993):
    • Premio Razón de Ser Cuba 1987.
    • Premio Planeta-Joaquín Mortiz, México, 1993.
    • Premio de Educación y Cultura, Montevideo, 1994.
    • Premio Ennio Flaiano, Pescara, 1998, a la mejor novela publicada en Italia en 1997 por un autor no europeo.
    • Premio de la Crítica,La Habana, otorgado anualmente por el Ministerio de Cultura.
  • El rojo en la pluma del loro (2001):
    • Premio Casa de las Américas, La Habana, 2000.
    • Premio de la Crítica, La Habana, otorgado anualmente por el Ministerio de Cultura.
  • Príapos (2005):
    • Premio Camilo José Cela, Palma de Mallorca.
  • Premio Nacional de Literatura en Cuba (2010)

Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/